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Diálogo 1

Una elección

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ELENA: Hola Roberto.

ROBERTO: ¡Hey! Hola Elena ¡Qué sorpresa!
¿Qué estás haciendo aquí sentada sola en la plaza?

ELENA: Aquí ando, pensando un poco.

ROBERTO: Bueno, si quieres te dejo tranquila.

ELENA: No, está bien. Ven, siéntate conmigo.
Estoy pensando acerca de las elecciones presidenciales de mañana. Aún no he decidido por quién voy a votar.

ROBERTO: ¡Ah! Yo ya lo he decidido hace rato. Votaré por el Señor Puentedura, el candidato del Partido Conservador.

ELENA: Mmm, pero pretende privatizar todo: nuestros recursos naturales como el petróleo, el gas y la extracción de minerales, así como también nuestro sistema de transporte público y nuestra línea aérea internacional. Eso no me cae bien de él.

ROBERTO: Bueno Elena, los transportes no están funcionando bien últimamente. Tú y yo lo sufrimos todos los días al concurrir a nuestros trabajos. La red de autobuses está colapsada. Siempre tenemos que esperar el autobús varias decenas de minutos en la estación. Y cuando llega, está tan repleto de gente que tenemos viajar parados y apretados entre el resto de los pasajeros.
Por otro lado, si decides usar tu automóvil, llegas incluso más tarde, ya que te encuentras estancado en el tráfico del centro de la ciudad. Es realmente un desastre.

ELENA: Perdóname Roberto, pero eso es en parte producto de las políticas del último presidente conservador que tuvimos, quien ordenó desmantelar la red ferroviaria nacional por cuestiones relacionadas a intereses económicos turbios. Al no haber más trenes de larga distancia, hoy todas las cargas se transportan en camiones, ralentizando muchísimo el tránsito de automóviles y autobuses.
Además, en este momento tenemos otro grave problema: todos los autobuses cuentan con una máquina que sólo acepta monedas para comprar el boleto, lo que está causando una seria falta de monedas en todo el país.

ROBERTO: Discúlpame Elena, allí viene el vendedor de bebidas. Tengo sed, voy a comprar una cola. ¿Tú quieres algo?

ELENA: Si, cómprame por favor un agua tónica. Gracias.

ROBERTO: No sé cómo puedes beber agua tónica, es amarga y horrible.

ELENA: Cállate. A mí me gusta.
Tú sigue tomando cola y verás como quedará tu dentadura dentro de unos años. ¡Es corrosiva!

ROBERTO: ¡Ahh, no exageres!
¡Disculpe Señor! ¡Aquí!

VENDEDOR: Hola, buen día.

ROBERTO: Buen día. Por favor, déme un agua tónica y una cola.

VENDEDOR: Bien, aquí tiene. ¿Algo más?

ROBERTO: Nada más. ¿Cuánto es?

VENDEDOR: Dos pesos.

ROBERTO: Bien, aquí tiene un billete de cinco pesos.

VENDEDOR: Oh, no tengo una moneda para darle señor.

ROBERTO: Lo supuse. Bueno, entonces déme un paquete de obleas y un billete de dos pesos.

VENDEDOR: Bien, aquí tiene.
Disculpe, pero es bastante difícil conseguir monedas.

ROBERTO: Lo sé. No se preocupe.

VENDEDOR: Bueno, muchas gracias, que tenga un buen día.

ROBERTO: Igualmente. Hasta luego.

ELENA: ¿Has visto?

ROBERTO: Es cierto. Parece una idiotez, pero es grave. La gente no quiere deshacerse de sus monedas porque las necesita para tomar el autobús.
De hecho, ciertos comercios han llegado al límite de vender las monedas. Por ejemplo, puedes comprar nueve monedas de un peso, a cambio de un billete de diez pesos. Eso no es ético.

ELENA: Bien, la solución para este problema es implementar un sistema de tarjetas magnéticas recargables con dinero, pero estoy segura de que si el sistema de transporte se privatiza a manos de varias empresas, algunas de ellas tendrán intereses económicos que no les permitirán implementar ese sistema, ya que puede ser deficitario.

ROBERTO: Bueno, en ese caso no debería implementarse.

ELENA: Creo que te equivocas. No olvides que el transporte público es un servicio para la comunidad, y como tal, su objetivo principal no es el de obtener ganancias, sino el de brindar la mejor calidad de servicio posible.
Por otro lado, tampoco sería conveniente que aumente el precio del boleto.
El Señor Basurto, candidato por el Partido Socialista, propone mantener la red de transporte público bajo la administración del estado nacional, y subsidiarla mediante el aumento de impuestos a la extracción de minerales.

ROBERTO: No estoy de acuerdo con los subsidios. Yo preferiría que le aumenten el salario a la ciudadanía, y así poder comprar el boleto quizás un poco más caro.

ELENA: Quizás. Pero si los salarios aumentan bruscamente comienza el problema de la inflación.
Con respecto a los trenes, recuerda que tú hace unos cuantos años hacías largos viajes en tren a diversas provincias. Es el medio de transporte más rápido, ecológico y barato, y ya no lo tenemos.
Hoy en día, para hacer un viaje similar tienes que pagar cuatro veces su precio, tomando un autobús de larga distancia.
Pero no es el transporte el único problema que tenemos.
Argentina es un país agrario y ganadero por excelencia, y ahí también hay muchas diferencias entre un candidato y el otro.

ROBERTO: Es cierto; vivimos en una tierra muy fértil. Y nuestro país es un exportador a gran escala de granos y carne vacuna.
El Sr. Puentedura propone quitar todo tipo de impuestos a la exportación, ya que esto estimularía el ingreso de divisas al país.

ELENA: No estoy de acuerdo.
El Sr. Basurto tiene un plan impositivo para las exportaciones, de manera que se proteja el consumo interno. Ya que si se librara de impuestos la exportación agro-ganadera, los productores preferirían exportar toda su producción, porque los precios internacionales son mucho más elevados que los locales; y eso acabaría por elevar el costo de los alimentos dentro de nuestro país.

ROBERTO: Bueno, pero si entra mucho dinero a nuestro país, podremos comprar los alimentos a precios internacionales.
Además piensa que en este momento hay una gran demanda de soja en el mundo, y nuestro país podría beneficiarse de eso. Es un momento excelente para exportar soja y generar ganancias.

ELENA: Peor aún Roberto; eso provocaría que todos los productores comiencen a utilizar sus campos para sembrar soja, y ya nadie sembraría trigo, maíz ni avena. Tendríamos que importar cereales de otros países, ¡Siendo nuestra tierra extremadamente fértil! ¿No te parece ridículo?

ROBERTO: ¿Por qué no dejas que el mercado regule las cosas por sí sólo? No necesita que nadie lo controle.

ELENA: ¡Ay por favor! ¿Sabes la cantidad de veces que he escuchado eso?
Es un mito. El mercado no regula nada. Por lo menos, nada que tenga que ver con la calidad de vida de los ciudadanos.
Es necesario un estado activo y presente, que controle y regule la actividad de los empresarios. Un estado que pueda encargarse de administrar los recursos naturales del país.

ROBERTO: ¡Oh, vamos! Las veces que el estado ha gestionado servicios, lo ha hecho tan mal que ha habido hasta sospechas de corrupción en la administración.

ELENA: Es cierto, aunque eso no tiene por qué ser siempre así. Además, corruptos puede haber en cualquiera de los dos sistemas.

ROBERTO: Bueno Elena, tengo que irme. Piensa bien tu voto para mañana.

ELENA: Así lo haré. Adiós Roberto, que tengas un lindo día.

ROBERTO: Igualmente. Hasta mañana.


Diálogo 2
  



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